domingo, 20 de junio de 2010
Para vos querida lectora: te deseo, fuerza, alegría y un nuevo comienzo
Una amiga me escribio una carta En ella me contaba su historia, que creo que muchos hemos vivido. Había conocido al “amor de su vida” (así lo llamaba en su correo) durante sus primeros meses , ambos se gustaron, salieron, se conocieron y se enamoraron. Fueron felices, salvo las discusiones que cualquier pareja puede tener. Cuando ambos comenzaron a trabajar, pasaron dos cosas. Uno, decidieron comprometerse y dos, él le faltó el respeto, es decir, la agredió verbalmente una vez en medio de una acalorada pelea. Ella, muy segura de sí, terminó con él. Él le pidió perdón pero ella no cedió, pensó que si lo hacía él volvería a hacerlo y no estaba dispuesta a dejar que esto pase. Entonces, él se dio por vencido y no volvió a buscarla.
Pasaron meses muy tristes para ella, según me dijo, lo extrañaba, pensaba en los meses que estuvieron juntos, lo empezó a extrañar. Fue cuando los amigos y familia, como algunas veces pasa, se hartaron de ver a la persona que quieren metida en la cama, con el pelo sucio y cara siempre triste y le aconsejaron lo que se suele aconsejar: saca el clavo con otro. Ante la insistencia y pensando que quizás esta era una buena idea salió con un chico. Era guapo, inteligente y tenía un buen sentido del humor. Salió un par de veces más con él, pero no se demoró en darse cuenta de que por más perfecto que el “clavo” pareciese, no era el otro. Así que sin más, se dio valor y llamó a su ex. Él no le contestó ni esa llamada ni las siguientes, ni los mensajes de texto ni los correos electrónicos. Ella lo había borrado de su vida virtual y ahora él no quería aceptarla de nuevo.
Totalmente segura de que quería estar con él y de que no era posible que él la hubiera podido olvidar en tres cochinos meses, lo espero fuera de su oficina. Cuando lo vio salir, caminó hacia él. Ella lo abrazo y él la apartó. Ella le dijo que lo quería y él, en tono irónico, le dijo que no le creía porque hace unas semanas un amigo le contó que la había visto con otro. Ella, desesperada le contó que eso no había significado nada porque jamás pasó nada entre el “clavo” y ella, pero él no la escuchó.
Ella no se dio por vencida. Esa tarde en que lo vio, recordó su cara, su olor, su mirada y más que nunca, cual título de canción de Paulina Rubio, se dijo: este hombre es mío. Así que lo acosó. Lo llamó, le escribió, le mandó cartas y fotos de cuando todo estaba bien. Y pasó lo inesperado. Una noche en la que sus amigas la obligaron a salir a tomar algo, ojerosa y con cara de velorio, llegó al bar. ¿Y saben que pasó? Él estaba ahí. Ella caminó hacia donde estaba y se quedó parada frente a él. Las lágrimas se le salieron y él la abrazó.
En poco tiempo ya estaban juntos nuevamente. Ella me dijo que fueron semanas muy felices hasta que el le contó que durante el tiempo que estuvieron juntos había le habían comunicado que había sido aceptado en la policia . Ella pensó: bueno, en fin es solo un año. Él le aclaró que eran dos; pero le dijo que no se preocupara, que seguirían juntos, que se podrían comunicar siempre, que él tampoco quería perderla.
Los meses antes de su partida fueron una luna de miel intensa. El amor que sentían el uno por el otro se hizo más evidente y fuerte, por lo menos fue lo que ella me dijo. Llegó el momento de la partida. Ella casi se desmorona, pero a los pocos días comenzaron las llamadas, los larguísimos chats, los mensajes de texto, por Twitter y Facebook. Sin habérselo dicho ella empezó a ahorrar para irlo a ver . Antes de cumplirse el primer año, ella decidió darle una sorpresa e ir para allá. Aunque la comunicación de su parte había decaído un poco debido a los “estudios” según él, ella estaba entusiasmada con su próximo viaje.
Despues de un tiempo ela leyo algo en su mail Su sonrisa se congeló cuando vio que no estaba solo. Ella fue hacia él y se encontró nuevamente con “el amor de su vida”... y su ex novia. Lloró a gritos, le preguntó qué estaba pasando. Él la trató de loca frente a su ex y ambos entraron al edificio.
Todos le dijeron que “rehiciera su vida”, “que todo pasa por algo”, “que él era quien perdía”, “que algún día volvería a ella de rodillas”.
Creo que muchos sabemos que estas frases alentadoras no siempre funcionan. Lo que sí me preocupa, y es la razón de haber escrito esto, es que ella me dice que no encuentra forma de olvidarlo, que jamás va a ser feliz sin él. Su familia ya no sabe qué hacer; ya ha ido a terapia con un psicoanalista, con dos psiquiatras y hasta ahora, al parecer, nada funciona. Me dice que la idea del suicidio es lo único que podrá hacer que su sufrimiento desaparezca.
Yo creo que lo único que te puedo decir, querida lectora, es que aunque parezca imposible el primer paso es aceptar que él jamás va a volver. Sé cuanto cuesta esto, también sé que es lo más importante. Por eso es el primer paso. Va a ser difícil, pero no tanto si pones de tu parte. Esa decisión es lo único que va a poder romper esa fantasía que te sigue atando a un recuerdo del pasado. Tienes que armarte de fuerza, dejar esa cama, agarrar el comienzo de la cadena del ancla y empezar a tirar de ella hasta sacarla del lago. ¿Piensas que es imposible? No lo es. Corazones se rompen todos los días. Alguna vez me sentí igual que tú, pensé que iba a ser imposible dejar al fantasma de un amor no correspondido atrás. Quítale el poder a esta historia, así pienses que has tirado diez años de tu vida por la borda. De la manera que sea, has vivido. Y los más chévere, uno puede empezar otra vez cuando le de la gana.
Tu historia me ha hecho pensar que yo no tengo ningún “amor de mi vida”, ninguna historia pasada que me atormente. Yo no volvería con ninguno de mis ex novios. Las relaciones a veces son más cortas de lo que queremos, se terminan cuando queremos seguir y para muchos, tienen no finales perfectos, pero si felices. Y si no, siempre se puede poner primera y arrancar.
Si miro para atrás, sonrío al pensar en todo lo que aún quiero, lo que ansío, lo que sueño. Eso me da fuerza, me da alegría.
Eso es lo que te deseo, fuerza, alegría y un nuevo comienzo. Un verdadero nuevo comienzo.
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