¿Esta frase les suena familiar? Parece sacada del guión de alguna telenovela mexicana, ¿no? ¿Pero cuántos de ustedes la han dicho o escuchado por lo menos una vez?
Y es que hay un momento en toda relación (bueno, quizás no en todas, pero sí en muchas) en que uno de los dos se detiene en medio del camino, voltea, mira hacia atrás y hace un análisis retrospectivo; le pones pausa al cuento de hadas que se está proyectando en el DVD de tu vida y te das cuenta que la imagen congelada que ves en tu televisor no es tan maravillosa como lo era la primera escena de la historia.
Entonces piensas ¿qué diablos pasó? A un lado tienes la fotografía del primer día que pasaron juntos y al otro, ese cuadro. Y como si estuvieras frente a la página de amenidades de un diario en el que te retan a encontrar las diferencias entre dos imágenes aparentemente idénticas, empiezas a enumerar las cosas que con el tiempo han cambiado, las que han sido reemplazadas por otras y las que simplemente han dejado de existir.
“Está bien –te dices-, las relaciones cambian. No puedo ser tan iluso de esperar que la luna de miel dure para siempre”. Pero en el fondo te sientes desilusionado y, conforme tu lista de diferencias va creciendo, te hundes en dudas.
Supongamos que esto ocurre una noche. Al día siguiente, ves a tu chica y te sientes “raro”. Cada movimiento que hace, cada cosa que dice o que deja de decir, te lleva de nuevo a ese túnel de dudas, un camino que hace que te preguntes si todavía lo quieres o si es que ambos han caído en la costumbre y comodidad de su relación y es solo eso lo que la mantiene.
¿Sigues enamorado o lo quieres solo como un amigo? ¿Solo élla ha cambiado o tú también eres distinto con élla? ¿En que momento dejaron de preocuparse por mantener su relación? ¿Qué debes de hacer ahora? ¿Tomar ese cariño que estás seguro que sientes y ver si todavía hay amor? ¿Hacer eso mientras la relación sigue en marcha o pedirle un ‘break’ para poder definir cuál es el siguiente paso? ¿Cómo te das cuenta que no te estás engañando y que definitivamente el amor se acabó y lo más justo y razonable es que termines la relación?
Es una situación horrible en la que, valgan verdades, me he encontrado más de una vez. Sientes que todo tiembla y que la estabilidad que creías tener no era más que una fantasía. La realidad -tu realidad- te abruma tanto que deseas con todas tus ganas poder agarrar el control remoto, apretar el botón de retroceso y hacer que todo sea como antes, pero no es tan simple y no siempre se puede. Supongo y quiero pensar que se trata de una suerte de punto de quiebre que define cuál es el futuro de esa relación.
En mi caso, nunca pude guardarme todas esas preguntas –y más- para mí mismo, siempre terminé hablando y no siempre fue de la mejor manera, lo reconozco. Sin embargo, creo que es lo mejor que pude hacer: Proponer una conversación, expresar lo que sentía, decirle que últimamente había notado ciertos cambios que no me hacían muy feliz que digamos, que creía que la relación se había estancado, que habíamos perdido la pasión del inicio, que sentía que habíamos caído en la rutina y un largo etcétera. El resultado no siempre fue bueno. Salvo en una ocasión, esa charla/confesión significó el principio del fin.
Es delicado y arriesgado, claro que sí. No siempre te vas a encontrar a un receptor abierto a escuchar que de cierta manera estás dudando de lo que sientes por élla y de su relación. Pero tampoco es justo seguir intentando aparentar y hacerle creer a la persona que tanto quieres (o quisiste) que todo está bien.
Si son del grupo de los que alguna vez han pensado “ya no es lo mismo”, entonces entenderán perfectamente de lo que hablo.
Como sé que llenarse la cabeza de este tipo de preguntas representa un momento difícil y considerando que este espacio en varias oportunidades se ha convertido en una especie de terapia grupal (créanme que al menos a mí me ayuda), los animo a contar qué hicieron cuando les pasó y cuál fue el resultado.
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